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16/05/2017 - FINISTERRE, FIN DE UNA ETAPA

FINISTERRE, fin de una etapa.

Por fin llegó el día de iniciar un viaje que recordaremos toda la vida. Lo teníamos en mente desde hace muchos meses, los planes ya estaban listos desde hace semanas y en los últimos días Santiago y Tomás claudicaron por asuntos familiares. Sería un viaje de jubilatas, pero se incorporó Pablo, hijo de Luis, al que también le hacía mucha ilusión hacer esta hazaña, y de paso a revitalizarla, y eso que venía desde Mallorca con su moto “susi”.

Es martes 16 de mayo de 2017. Iniciamos el viaje a las 9:30 Jesús, Luis y Pablo (Hernández y Fernández con Tintín) por la autovía a Zamora, siguiendo por la N-631 hasta Ferreras de Abajo, donde tomamos la ZA-105 hasta Camarzana de Tera. Por la N-525 cogemos la ZA-110 a Santibáñez de Vidriales continuando por la LE-110 hasta La Bañeza. Carreteras muy cómodas y paisajes a los que ya estamos acostumbrados.

Por la N-VI llegamos a Astorga y aquí cogemos la LE-142 por Castrillo de los Polvozares a Ponferrada, ruta que compartíamos con infinidad de peregrinos a pie y en bicicleta. El fresco de la montaña se hacía sentir en una carretera con asfalto irregular y muchas curvas, pasamos por pueblos en los que se hacía sentir el camino de los peregrinos hacia Santiago: Rabanal, Foncebadón, Compludo, Riego de Ambrós, Molinaseca y Ponferrada.

Repostamos y buscamos un sitio para comer los bocadillos, pero nos perdemos buscando la N-120 y llegamos a un pueblo Almazcara en dirección contraria a la que deberíamos ir. A la sombra y  sentados en un banco nos comimos los bocadillos y entablamos conversación con un paisano que fue minero, que nos platicó un buen rato y nos recomendó el hogar del jubilado para tomar el café y para redirigirnos al buen camino.

El plan era coger la N-120, pero cogimos la N-536 que nos llevaría al Barco de Valdeorrás donde empalma con la N-120, discurriendo por la margen del río Sil hasta Monforte de Lemos por unas carreteras muy buenas y que se dejaron disfrutar. Por la VG-2.1 y LU-533 llegamos a Chantada y por la PO-533 llegamos a Lalín sobre las 6 de la tarde después de rodar 480 km. En el camino habíamos parado en Monforte de Lemos a tomar un café con hielo porque el calor se hacía inclemente.

Nos registramos en el hotel El Palacio, no sin antes preguntar dónde estaba porque el gps que llevábamos era de papel. Repuestos del cansancio y desvestirnos de romanos, nos paseamos por Lalín persiguiendo al pulpo gallego con la mala fortuna que los restaurantes recomendados estaban cerrados. Así que unas cervezas en el paseo y nos vamos a cenar al hotel, y aquí sí que conseguimos comernos el pulpo, comprobando que por aquí el alterne de cañas es baratico.

Es miércoles 17 de mayo, día de las Letras Gallegas. El día aparece lluvioso y contemplamos ponernos los chubasqueros, pero qué caray, nos vamos con lo puesto después de haber desayunado en condiciones y haber repostado para afrontar la última etapa hasta Finisterre. Una señora nos indicó el camino de salida a la par que comentó que su marido era de La Fuente de San Esteban y que se alegraría de saber que unos coterráneos anduvieron por Lalín.

Salimos sobre las 10 hacia la N-525 por Silleda y por la N-640 a La Estrada y Caldas de Reis, y por la N-550 a Padrón. Por aquí ya se ven los pueblos muy próximos unos a otros con lo que no pasamos de 70 km/hora. Paramos en un bar de carretera para tomar el café y un paisano de Padrón con el que emprendimos conversación nos invita al café y nos recomienda una carretera hacia Cee. Siguiendo por la N-550 nos desviamos en A Picaraña por la AC-300, CG-1.5, AC-549, AC-554, AC-550 hasta Muros, carreteras exquisitas pero sin agilidad: muchas curvas, muchos pueblos, adelantamientos difíciles; pero con unos paisajes de ensueño.

En Muros paramos a comer un delicioso pulpo, primorosas zamburiñas y un selecto rape en el Don Bodegón a pie de puerto. El cielo estaba cubierto, pero tan sólo nos cayó una pizca de lluvia que no molestó. La temperatura era muy agradable, ni frío ni calor. Después de una siestecilla en el hormigón volvemos a la misma carretera que traíamos pasando por Lira, Carnota, O Pindo y O Ézaro, subiendo por la sinuosa y empinada carretera por la que subieron los ciclistas de la Vuelta. El paisaje es sorprendente: un río que desemboca en el mar en una catarata, un mar azulísimo, un monte verde, un cielo con nubes sin lluvia y unas vistas dignas de un paraíso.

Continuamos hasta Cee y por la AC-445 pasamos por Corcubión, Sardiñeiro y por fin, Finisterre después de 200 km. Son las 6 de la tarde y antes de localizar el albergue de Sonia subimos al faro y preparar el acto simbólico de la quema del hato laboral, que haríamos al día siguiente por la mañana. Ya instalados en el albergue nos vamos a pasear por el pueblo y el puerto, donde nos recomiendan para cenar el Xacobeo.

Juega el Real Madrid con el Celta, quedamos con Rosario y Ramón para conocernos y tomar unos cafés. Nos llevan al faro para ver un cielo estrellado como en ningún sitio. Por allí andaba Sirio, la Polar, la osa mayor y casi damos con Venus. Este paseo nocturno fue muy gratificante. Tomamos unas cañas en el Galería, un café muy ecléctico de visita obligada para todo el que pase por Finisterre.

Tomando el café, Ramón, que es médico en el hospital de la zona, nos confiesa que es un apasionado de las motos, tiene varias y a todas las quiere con locura, como Pedro de Salamanca. Rosario nos cuenta que durante más de 30 años estuvo en Salamanca como catedrática en la facultad de farmacia y a la que tiene mucho cariño. Nos presentan a Tocho, marino allende los mares, que se embarcó en el buque escuela Juan Sebastián Elcano y en el Hespérides hacia la Antártida y el Gran Sol, con una extensa variedad de anécdotas interesantes, sobre todo para los que somos de secano. Muy tarde nos fuimos a dormir.

Es jueves 18 de mayo. Diana a las 9 y a desayunar a un bar próximo. Lo primero que hicimos fue subir al faro para completar la misión de quemar la corbata, pero al no permitirse atamos ambas corbatas a la cruz y allí las dejamos junto con una pegatina de MSP para dejar constancia que habíamos estado y unas palabras para conmemorar el acontecimiento. Pablo meseperizó su moto con un vinilo a modo de compostelana mesepera que le queda muy bien.

Ramón nos había sugerido una ruta hacia el norte, y la verdad que lo pasamos genial por esas carreteras de la costa gallega. Enfilamos la VG-1.4 desde Sardiñeiro al cruce con la DP-5201 a Muxía, donde tomamos el café y vimos el santuario. Seguimos por la AC-440 hasta A Ponte do Porto y por la AC-432 por la costa hasta Camariñas, en la Costa Da Morte. Subimos al Faro Villano desde donde se ven unas espléndidas vistas de la costa. Volvemos a A Ponte do Porto y cogemos la AC-433 hasta Laxe y nos metemos en la lonja a ver una subasta de marisco. Llevábamos los chalecos amarillos y los cascos blancos y como que la gente se quedó un poco perpleja viendo a Hernández y Fernández, con Tintín en la retaguardia. Lo cierto es que por la zona llama la atención la vestimenta mesepera.

Volvemos sobre nuestros pasos para volver a la base en Finisterre, después de rodar 160 km, y dar un paseo por la playa de Mar de Fora, paraje que es digno de visitar. Nos vamos a cenar a Lareira que nos había recomendado Luis, leonés que trabaja en el albergue, y con unos buenos filetones de carne gallega quedamos más que satisfechos.  Hemos quedado con Ramón y Rosario, quienes nos obsequian con unos enormes bollos gallegos, y tomando el café nos intercambiamos una gorra y un parche de MSP y una pulsera de colores españoles, dando por concluido el encuentro con una despedida morriñosa.

Es viernes 19 de mayo. Diana a las 8 para desayunar en el albergue y emprender la marcha de vuelta de una tirada. Dejamos atrás unas carreteras deliciosas y pasando por Santiago nos vamos hacia Lugo cuando deberíamos ir hacia Orense. Tintín con su gps digital nos saca del apuro y cogemos la autopista hasta Orense y después la autovía de las Rias Baixas A-52 hasta Monbuey. El viaje se hace duro y pesado, la autovía interminable y el sueño acecha. Por la N-631 y A-66 llegamos a Salamanca sobre las 6 de la tarde, unos 530 km recorridos y muy cansados. A Pablo aún le quedan otros 600 km, que hará el sábado, para volver a su casa en Andratx (Mallorca), con lo que se habrá currado unos 2.400 km y no sé si le quedarán ganas de volver a rodar en la moto, aunque los jóvenes aguantan bien estos tirones.

Concluyendo podemos decir que ha sido una experiencia que no olvidaremos jamás y de la que estamos muy satisfechos, no sólo porque hemos cumplido una misión épica, sino también por la agradable compañía en 1.370 km recorridos por carreteras estupendas y 3 motos inigualables y que no dieron ningún problema: Kimco 500iR, Honda Deauville 700 y Suzuki GS500e.

Agradecidos a Rosario y a Ramón, a Sonia y a Luis por habernos albergado en su patria.

Jesús, Luis y Pablo

 
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