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28/08/2008 - I Vuelta a España en Vespa por Etapas

El día empezaba indeciso, un sol vespertino que  lucía con poca fuerza, luchaba con las gotas de lluvia que caían, mi primera salida en Vespa sin ningún lugar a dudas iba a ser memorable: una etapa de la I Vuelta a España en Vespa, todo un honor.

Desde el día antes con la recogida  del viajero testigo de manos de los compañeros de Valladolid, en la Plaza Mayor de Salamanca, se notaba cierta tensión positiva en el ambiente, ampliada por las dudas sobre la resisitencia de la Vespa por los 300 kms que íbamos a recorrer y el aguante físico de los vesperos con la borrasca con que nos premia este abril de aguas mil.

Todos puntuales a las 9 de la mañana en el punto de reunión, la sede de los Moteros Sin Prisa,  tres cafés y unas porras sirvieron de desayuno al Helmántica Vespa Team. En la mirada de los tres la emoción y la alegría acompañaron el inicio de la etapa, además de algunos amigos madrugadores del MSP,  las fotos oficiales de la salida se hicieron en el Puente Romano que cruza el río que al Lazarillo dio apellido.
Pocos minutos por la moderna circunvalación de varios carriles en la que nuestras motos destilan elegancia y personalidad de la que carecen la mejor de las urbanitas orientales que nuestras ciudades pueblan; al momento nos desviamos por la comarcal C-510 que en breve y tras varios repechos con sus respectivos descensos, nos dejan en Alba de Tormes, la villa de Santa Teresa, donde aún hoy reposa su brazo incorrupto… cosas de la física o milagro como creen algunos. No nos detenemos; continuamos ruta.

La lluvia parece vencer en su lucha contra el astro rey,  además le ayuda su aliado el viento y para los vespistas las cosas pintan difíciles; una pequeña parada en un pueblo sin bar para colocarnos el impermeable unos, para fumar otros, motos y moteros en perfecto estado.

Continúa escuchándose el típico bufido de las tres avispas por el campo charro, la escasez de circulación permite incluso que nos hagamos fotos en marcha, de relativa calidad debido al viento.

Rumiantes y equinos continúan con su quehacer diario: pastar y ver la vida pasar; por la cinta de asfalto que limita su  pasto, pasan tres Vespas que se integran completamente en el paisaje, sin estridencias, sin molestar ni ser molestados, y así poco a poco, metro a metro se acorta la distancia a nuestra meta...

Un alto en el camino: Piedrahita nos recibe a los pies del puerto de Peña Negra, que en esta loca primavera la nieve amontonada en la cima hace pensar sobre su nombre, comienzo de la conocida Sierra de Gredos; llenamos nuestros buches con el mismo cariño y dedicación que lo hacemos con el de nuestras monturas, todos estamos como al principio: perfectos.

Seguimos nuestro camino, ahora por la N-110 hacia Ávila. El puerto de Villatoro y la nube que descarga su gélido liquido hace heróica la etapa, el agua se convierte por momentos en granizo; coronado el alto e inmortalizado el momento por las cámaras, el descenso nos deja prácticamente a la puerta de las mundialmente famosas murallas abulenses, que rodeamos parcialmente para acudir al punto de encuentro con los amigos de Segovia en el mirador de los Cuatro Postes.
Júbilo de los que esperan y de los esperados, saludos bromas y buen humor acompañan el momento del cambio de manos, una vez más, del peregrino testigo, fotos de los dos grupos juntos, que brevemente se convierten en uno solo por las calles de Ávila, para regocijo de los viandantes, y unos y otros continúan su ruta que solo converge en este punto.

Recorriendo calles entre las murallas, buscando algún lugar donde saciar nuestro apetito, se detiene un añejo motero sobre una mítica Harley-Davidson para, sin duda alguna, rendir pleitesía a las no menos míticas Vespas, momentos de charla apacible y al momento estamos ya sentados en un restaurante, repostando nuestros cuerpos y corazones, haciendo amigos. Las Vespas, comparten acera con gigantescas y brillantes custom sin desmerecer en absoluto.
Después de viandas acompañadas de livianos caldos que nos animan a continuar la jornada, continuamos la ruta ahora de regreso hacia Arévalo, de nuevo la tranquilidad y el sosiego de carreteras secundarias nos acompañan, las dehesas animadas por caballos, vacas y cigüeñas, dejan paso ahora a tierra llana sembrada de cereal. Trazos rectos de asfalto, donde el sol vence a la lluvia, pero no al viento que azota nuestro rostro y complica nuestro rodar, Madrigal de las Altas Torres ahora, Cantalapiedra después, se aproxima el final, metro a metro sin parar.

El Tormes que por la mañana nos despidió, nos recibe en Salamanca a Vespas y vespistas sin novedad.

Dedicado especialmente a mis compañeros de viaje.

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