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26/02/2011 - URUEÑA y FIGUEIRA DE CASTELO RODRIGO

URUEÑA y FIGUEIRA DE CASTELO RODRIGO Preparados para afrontar la misión de seguir conquistando más tierras y castillos para el reino de MSP, tomamos rumbo a Villares para repostar en la gasolinera Garmar de nuestro patrocinador y continuar camino hacia Toro. Aquí tomamos un café en el Capuchinos y nos encaminamos en dirección a Medina de Rioseco y a lo largo del camino van cayendo los castillos de Villalonso, de Tiedra, Villardefrade para llegar a Urueña, que era la plaza deseada.

Esta villa medieval está muy bien protegida por sus habitantes, lo que no fue óbice para que la Liga de Hombres Extraordinarios con su reina al frente la tomara por sus cuatro costados. Bien pateadas sus calles, sus murallas y sus librerías, es hora de reponer fuerzas y en el Pago de Marfeliz degustamos unos buenos filetes y ensaladas. Entramos a saco en la vinoteca y en la tienda de juguetes antiguos, y algo se fue al fardo.

Es una villa digna de visitar con tranquilidad y con tiempo por delante, porque nos faltó por ver el museo de las campanas, el centro e-lea, la fundación y hacer el recorrido extramuros. Siempre nos quedará tiempo para volver.

Llegan los refuerzos de José Luis y Paco fem con sus magníficas “pan” para seguir la conquista del monasterio de La Santa Espina, donde pudimos ver una magnífica exposición de mariposas, insectos y demás artrópodos de todo el mundo, que el hermano Pantaleón Palacios nos explicó con todo detalle y donde Josechu pudo demostrar sus amplios conocimientos en esta materia.

Cayendo la tarde nos dirigimos hacia Torrelobatón, donde también claudicó su imponente castillo a nuestro paso. Llegando a Tordesillas tomamos dirección a Salamanca por la autovía para llegar sobre las 8:30 al punto de partida.

Y esto ha sido todo en un día magnífico para rodar 238 km por esas carreteras de Castilla en 5 magníficas Hondas. Combatientes: Carmen, Luis, Tito, Josechu, Paco fem y José Luis.

 


Y para los que se queden con ganas de más kilómetros, el domingo a las 11:00 en el mismo lugar para marchar a la fiesta del almendro en La Fregeneda, y después de repostar los cuerpos continuar hacia Portugal y disfrutar de la carretera de mil curvas hacia Figueira de Castelo Rodrigo y comer una cataplana. Y la vuelta por donde nos parezca mejor.

 


Urueña
La primera Villa del Libro de España

La villa de Urueña tiene el privilegio de ser, en la actualidad, el municipio que ostenta el perímetro amurallado mejor conservado de toda la provincia vallisoletana

 Su origen se remonta a tiempos prehistóricos. Algunos restos hallados dentro de su término municipal, concretamente en las cercanías de lo que hoy se conoce como el “Molino de las Cuatro Rayas” datan de época neolítica, lo cual pone de manifiesto la ocupación de ámbitos muy próximos al núcleo actual desde hace varios miles de años.   

En la Edad Antigua Urueña fue habitada por los vacceos, pueblo prerromano cuyos miembros se dedicaban fundamentalmente a actividades agrícolas y ganaderas.   

Con los romanos, la villa llegó a tener una cerca mayor que la actual muralla, conformando lo que venía en llamarse un oppidum o plaza fuerte.    Muestra de esta presencia es que los agricultores, arando algunas de las tierras del término, han encontrado monedas con el busto del general y político Romano Pompeyo (siglo I d.C.). Por otro lado, muy cerca de la actual carretera que conduce de Medina de Rioseco a Toro se han hallado restos de un puente conocido como La Zamorana, por formar parte de la calzada del mismo nombre que durante cientos de años unió Zamora con Palencia.  

A lo largo de los siglos altomedievales Urueña vive una época de oscuridad documental. No sabemos prácticamente nada acerca de la estancia de los visigodos en el núcleo poblacional, ni de los efectos concretos que tuvo la  irrupción de los árabes en las estructuras económicas y sociales de la villa.

A partir del siglo X encontramos algunas referencias documentales de lugares muy vinculados a Urueña, como son el monasterio mozárabe de San Pedro y San Pablo de Cubillas (cuya iglesia daría lugar a la actual ermita románica de la Anunciada), la villa de Pozuelos, y Villalbín, origen de un convento franciscano del siglo XVI.   

Poco después, a mediados del siglo XI, comienza la construcción del castillo, a instancias del rey castellano Fernando I el Magno. Una centuria más tarde la infanta doña Sancha, hermana del monarca Alfonso VII el Emperador, ordena la construcción de las murallas (cuyas obras finalizarían a comienzos del siglo XIII), y la reedificación de la ermita de Nuestra Señora de la Anunciada, llamada por entonces ermita de San Pedro. Esta infanta, como dueña de la villa, también se encarga de poblarla.  

Urueña se encontraba en una zona fronteriza entre los reinos de León y Castilla, lo cual motivó que entre 1158 y 1230 los monarcas de León aprovecharan momentos de debilidad de sus vecinos castellanos para hacerse con el dominio de la villa y su alfoz.    A mediados del siglo XIV Urueña aparece como cabeza de la merindad del Infantado de Valladolid siendo, a su vez, Arciprestazgo perteneciente a la diócesis de Palencia. En esos momentos tenía tres parroquias: San Andrés, Santa María y San Juan.   

En el siglo XV Urueña pasa a formar parte del señorío de la familia Girón. En 1445 Pedro Girón es elegido Maestre de Calatrava, y poco después, es hecho señor de Tiedra y Urueña. En 1464 su hijo, Alonso Téllez Girón, se convierte en el primer Conde de Urueña, y a mediados del XVI los Girón se convierten, a su vez, en Duques de Osuna y Marqueses de Peñafiel. Urueña fue señorío de esta familia hasta comienzos del siglo XIX, estando representados en la villa por medio de un corregidor.  

Durante la Edad Moderna, Urueña fue cuna de algunas familias de origen noble, portadoras de apellidos que dejaron su impronta en la villa y otros lugares, tanto dentro como fuera de España. Destacan los linajes Isla (al que perteneció Don Juan Manuel de Isla y Borja, Conde de Isla desde 1703), Pérez-Minayo (apellido de varios obispos y dignidades episcopales, entre los que cabe mencionar a Manuel Pérez-Minayo, obispo de Badajoz en 1755, y a Blas Sobrino y Minayo, obispo de Cartagena de Indias, Quito, Santiago de Chile y Trujillo, Perú) y Mena (del cual podemos destacar a Alonso de Mena y Borja, obispo de Calahorra, cuya casa-palacio es la actual sede de la Fundación Joaquín Díaz).   

El 3 de octubre de 1876, la villa de Urueña fue asolada por un fatal incendio que calcinó 89 casas, la mayoría pertenecientes a jornaleros y gente humilde. La reconstrucción y embellecimiento que sufrió posteriormente la localidad aún puede apreciarse hoy día.

Por C. Mier Leal

 

 

 
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